La Tuna

La andanza de las Tunas en el mundo comienza con la apertura de las dos primeras Universidades españolas, la Universidad de Palencia de 1208 y la de Salamanca a mediados del año 1220. Con su apertura, confluyen en Palencia y, sobre todo en Salamanca, estudiantes de todos los Reinos, convirtiéndose en los núcleos intelectuales más importantes de España y de Europa.

El origen de las Tunas, o más acertadamente, el origen de los “Tunos”, es el que identifica a los estudiantes universitarios con los “Sopistas”. Los “Sopistas” eran estudiantes que malgastaban sus “escasos” estipendios en estudiar y malvivir. Algunos de ellos convirtieron sus coplas en el objeto de un “trueque” por el que recibían delos posaderos “cobijo” y de los mesoneros “sustento”, de ahí que, según cuenta la tradición, todo estudiante incluyera, entre sus pertenencias, cuchara y tenedor, dispuesto a sucumbir ante cualquier manjar.

Figura peculiar, donde las haya, lo fue el llamado “Universitas Alguacil”, sereno universitario encargado de vigilar a los estudiantes, impedir escándalos estudiantiles, y sobre todo, evitar “RONDAS” y “SERENATAS” nocturnas a doncellas de buen y mal vivir, muy frecuentes en aquellos siglos. Posteriormente, con la creación de otra de las Universidades históricas, la de Santiago de Compostela, dichas tradiciones se fueron extendiendo hasta convertirse en una institución inherente a las propias universidades españolas.

Desde entonces hasta hoy, sus costumbres y tradiciones, han permanecido inalterables en la historia a través de su atuendo (jubón, trusas, gregüescos, capa española, beca y bicornio), de su música y de su instrumentación medieval (laúd, bandurria, mandolina) conservándose ininterrumpidamente, durante siglos, lo que convierte a las “Tunas” en la agrupación musical, como institución, más antigua y original del mundo. Hoy en día, no existe Universidad española sin Tuna; la Tuna no es Tuna sin Universidad, pero la Universidad no es tan Universidad sin Tuna. “… pese a todo, la Tuna resiste y resistirá por siempre; pasará por encima de la propia Universidad. Su romanticismo, su carácter peculiar, su tradición y, los más importante, su música, forman parte inexorable de Nuestra Historia, por ello pretender su descrédito y su desaparición, sería tanto como olvidarnos de CERVANTES, QUEVEDO, GÓNGORA, ESPRONCEDA y otros tantos adelantados de Nuestra Literatura que, vivieron, escribieron y defendieron esta tradición hasta su muerte; sería tanto como olvidarnos de Nuestra propia Historia”.

¡LA TUNA NUNCA MORIRÁ!